Ya iba tocando una reseña que no fuera de un libro ambientado en Reinos Olvidados, ¿no? Y además una que, para más inri, es una novela cyberpunk absolutamente genial: Snow Crash, de Neal Stephenson, autor de, entre otras (¡atención, atención! ¡alerta autobombo bitacoril!) La era del diamante y Criptonomicón. Una novela plagada de chistes, hackers, virus letales, lenguajes de programación, lenguajes de comunicación (oral, escrita, gráfica, la que sea), religión comparada, tacos y palabrotas, mitología sumeria, leyes babilonias, antihéroes, malvados que no son tan malvados, tecnología punta, isótopos radiactivos, sexo razonablemente cochinote y provocaciones varias. Así que, menores de 18 años, por favor tápense los ojos. Para muestra de lo anterior, ahí van tan sólo un puñadito de líneas (y quien haya leído la novela, advertirá el chiste subyacente):

«La banda de piratas de Bruce Lee está compuesta por dos docenas de hombres, que ahora se alinean en la barandilla sonriendo, silbando, aullando como lobos y ondeando preservativos desenrollados en el aire.
—No os preocupéis, muchachos, no voy a dejar que os follen —dice Ojo de Pez con una sonrisa peligrosa.
—¿Y qué vas a hacer? —pregunta Eliot—, ¿darles una encíclica papal?
—Estoy seguro de que atenderán a razones —dice Ojo de Pez»

La novela se ambienta en un hipotético inicio del siglo XXI, con dos primeros capítulos (unas 30 páginas más o menos) absolutamente trepidantes, que introducen el escenario (los Estados Unidos) y a los dos principales protagonistas (un tipo que roza la treintena llamado Hiro, y una chiquilla de quince años que se hace llamar T. A.). En primer lugar, diremos que los Estados Unidos ya no lo son tanto. La moneda se ha devaluado hasta tal punto que un billete de un trillón de dólares (sí, los han impreso) no vale prácticamente para nada, e incluso hay gente que los usa como papel higiénico porque sale más barato que comprar un rollo (literal). Ahora Estados Unidos es una mezcla de fransulados (sí, es lo que parece: mezclas de franquicias y consulados), a cual más esperpéntico. Incluso existe un fransulado mafioso controlado por un pintoresco personaje llamado Tío Enzo. Bueno, el caso es que en este futuro hipotético sólo hay cuatro cosas que los ex-estadounidenses hacen mejor que nadie: música, películas, microcódigo y entregar pizzas antes de 30 minutos.

En cuanto a los protagonistas: el protagonista masculino de la novela es un hombre aún joven, mitad japonés, mitad afroamericano que responde al nombre de Hiroaki (alias Hiro) Protagonist. Hiro es un programador y hacker brillante y creativo, posee dos espadas samuráis (katana y wakizashi) que además sabe manejar con maestría, actúa como príncipe heroico en el Metaverso (una especie de cruce entre Internet y realidad virtual), pero sobre todo es también un tipo hosco y poco dado a trabajar en grupo, lo cual ha provocado que, paulatinamente, haya ido cambiando de trabajo (una forma suave de decir que lo van echando de cada puesto por el que pasa) con mucha frecuencia. Y cada vez, por supuesto, los trabajos son peores: de programador y hacker a soldado, y de ahí a... repartidor de pizzas para la Mafia. Básicamente porque, para salir de un atolladero económico, les ha tenido que pedir dinero prestado, y ahora toca pagar. El caso es que Hiro es bastante bueno entregando pizzas antes de 30 minutos, así que está muy contento. Más que nada porque, cuando un repartidor entrega una pizza tarde, el Tío Enzo tiene que ir personalmente al cliente a pedir disculpas, hacerle un regalo, salir en prensa para mayor escarnio público, y por supuesto, regalar la pizza. Y claro, después de todo eso, al repartidor de turno nadie vuelve a verle el pelo.

Pero hoy Hiro tiene un problema: le han dado una pizza a entregar con 20 minutos de retraso, y el destino está muy lejos: tiene el tiempo muy justito. Bueno, si se da prisa puede que lo consiga. Pero, oh infortunio, Hiro tiene un accidente con el coche (coche de la Mafia, a todo esto). Así que ahora Hiro tiene dos problemas:

  1. Le debe un coche a la Mafia
  2. No va a poder entregar la pizza en menos de 30 minutos

Sin embargo, finalmente parece que hay algo de suerte en la vida de Hiro, porque aparece el personaje femenino principal de la novela: una korreo (mensajera en patín) quinceañera llamada T. A., que iba colgada de su coche para entregar un paquete, se apiada de él y decide hacer la entrega personalmente, por su cuenta y riesgo. Y un poco justita, pero lo consigue. Y éste es el principio de una curiosa amistad, amistad que se convertirá en una relación de protección mutua cuando Hiro descubra la existencia de una extraña droga-virus en el Metaverso llamada Snow Crash que un tipo siniestro, apodado Cuervo, está distribuyendo, y que tiene un efecto doble: cuelga permanentemente tanto el sistema del usuario infectado como al propio usuario; vamos, que el sistema se queda como para tirarlo a la basura, y el usuario... bueno, también. Aunque se trata de un virus un tanto especial y selectivo, ya que parece infectar sólo a programadores y hackers.

Y a partir de todos estos datos sueltos, empieza a atarse una historia en la que se mezclan lenguaje vulgar y humor inteligente, y, sobre todo, se desarrolla una interesante línea argumental que mezcla cyberpunk con teoría lingüistica (incluyendo en el concepto de lengua todo tipo de lenguaje, incluyendo mímica, lenguas vivas, lenguas muertas, expresión gráfica, e incluso los mismísimos lenguajes de programación). Y el pobre Hiro, hacker y programador él, lo pasa tan mal que lo de Fuckowski parece una rabieta infantiloide al más puro estilo paaaaapiiii-mira-lo-que-me-hacen. El resultado es una novela muy coherente en su desarrollo e increíblemente fantasiosa en sus hilos argumentales, con unos personajes centrales muy bien desarrollados, unos perritos encantadores (¡me encantan los perritos!) y, sobre todo, algo que Ojo de Pez destaca en la cita que he puesto al comienzo de la reseña. Razones.

Creo que cualquier amante de la fantasía y la ciencia ficción agradecerá leer una novela como ésta.